sábado, 10 de noviembre de 2007

Roja sangre derramada por un amor infiel

La sangre corre por las ahora rojas ranuras conjuntoras de azulejos formando un sucio mosaico alrededor de mi pálido cuerpo, el cual sin pulso yace impasible contemplando el monótono y monotónico girar de las agujas del reloj cuyo tic-tac, tic-tac parece mofarse de las yagas de mi frío e inerte cuerpo.

La sucia habitación recordaba en pequeñas similitudes a la casa de la vieja de alguna película de Billy wilder, sólo que en esta casa era un cuchillo y no una pistola la que se hospedaba en el segundo cajón del dormitorio presidencial.
No había rastro ni indicio alguno de la histérica amante, cuya trémula mano dejó en tal estado a nuestro protagonista y primer narrador, salvo unas manchas de aceite dejadas por el coche en el sucio y descuidado garaje.

Es difícil creer que el homicidio fuese cometido hace a penas unas horas, pero así fue, o al menos así lo indican mis húmedas yagas o las todavía líquidas manchas de aceite dejadas por el phantom I negro cuya majestuosidad, sin haberse hecho hacer vista desde hace larga tiempo, fue utilizada con motivo de una cobarde y rastrera huida en el momento inmediatamente postrero al tercer navajazo clavado en mi espalda, el cual fue el que en mayor medida desgarró mi ahora muerta carne.

No hay comentarios: