Yazco impasible mirando los brillantes que nos enluminan lo suficiente como para que media esfera abra la boca maravillados en su asombro por el blanco resplendor reluciente sobre nuestras pequeñas e insignificantes, diminutas e irrelevantes cabezas.
Sé que muchos individuos como yo permanecen entristecidos, o por añoranza videando el programa nocturno de Burgess mientras piensan en su amada y recuerda su bello rostro comparando los luceros con sus ojos, el resplandor celestial con el de su sonrisa y la triste (,y por lo tanto dulce) humedad de la noche con la de su lengua la cual nunca probastes y doy por seguro que nunca lo harás.
La tristeza llama a la tristeza y al recuerdo de la alegría para provocar mayor tristeza valiéndose de la añoranza.
Y aquí me hallo, humillandome ante la grandeza del replandeciente oscuro infinito, tomando a la inmensidad bovedal como único confidente y recordando a la amada la cual jamás sabrá nada de este momento ni de lo que siempre he sentido al pensar en ella.
sábado, 10 de noviembre de 2007
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